Los primeros modelos de atención integrada se desarrollaron en Estados Unidos hace ya varios años. Se trata de un enfoque holístico de la persona con una patología crónica. ¿Qué quiere decir esto? Que la parte de la salud física del paciente se completa con el abordaje de su salud social y psicológica o emocional.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) concibe así la definición de salud. Cuando el VIH se convirtió en una infección crónica, la atención integrada de las personas que viven con el virus se volvió crucial, especialmente a medida que esa población envejecía.
La atención integrada involucra a médicos y sanitarios, a pacientes y a la comunidad. Según este modelo, las decisiones se toman de forma conjunta, todos los agentes involucrados participan en la calidad de vida del paciente y pueden ser fuente de salud. Es un modelo muy estudiado y con abundante bibliografía, pero cuesta ponerlo en marcha en la práctica; especialmente, en sistemas sanitarios como el español.
“Nuestro modelo no está centrado en la persona sino en la enfermedad. Los médicos han tratado de curar la enfermedad, pero se han olvidado de la persona. Y lo que deben ser generosos para compartir con el paciente el poder sobre su infección, darle la palabra”, explica Juanse Hernández, coordinador de la oenegé Grupo de Trabajo sobre tratamientos de VIH (gTt) de Barcelona. Hernández reconoce, con todo, que ya existe en nuestro país un grupo de médicos “potente y muy concienciado con este modelo”.
“Nuestro modelo no está centrado no en la persona, sino centrado en la enfermedad. Los médicos han tratado de curar la enfermedad, pero se han olvidado mucho de la persona”
Juanse Hernández
Coordinador de la oenegé Grupo de Trabajo sobre tratamientos de VIH (gTt)
María Luisa Martín, especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca, comparte esta línea: “Estamos en un escenario de cronicidad y, por lo tanto, necesitamos un modelo que plantee una gestión integral de los cuidados del paciente. Tenemos que estar pendientes de otras condiciones de salud que no dependen del VIH sino de las comorbilidades propias de la edad, la cronicidad o el envejecimiento. No hay que olvidarse de la salud mental: muchos pacientes se enfrentan a problemas como la depresión y la ansiedad que pueden afectar a la atención y al cuidado de su salud”.
Martín hace un repaso a los últimos años. El mayor cambio que observa tiene que ver con la participación del paciente en la toma de decisiones sobre su salud: “El paciente se ha hecho responsable de su salud y los médicos somos los facilitadores de la información. Las decisiones terapéuticas son compartidas. Esa implicación es imprescindible para mejorar el cumplimiento de estas. La información ahora no solo es de médico a paciente sino también de paciente a médico: nos interesa saber cuáles son sus objetivos y sus necesidades para poder diseñar y adaptar los cuidados de salud”.
Abelardo Castro, nuevo gerente de la oenegé Adhara, es menos optimista. Cree que, pesar de los grandes avances científicos, los aspectos psicosociales han cambiado más bien poco. “El avance lento en este ámbito nos ha llevado a las oenegés a desarrollar y perfeccionar una atención a las personas con VIH con una visión holística de su bienestar. Ofrecemos desde acompañamiento, educación en salud y apoyo emocional entre pares, hasta una atención psicológica especializada o cualquier cuestión que requiera una atención y orientación socio jurídica”.
En lo que todos coinciden es en la necesidad de cambiar los modelos asistenciales para hacerlos más flexibles y adaptarlos a las necesidades individuales, al perfil de cada paciente. “Con menos consultas rutinarias y mejorando el acceso rápido en caso necesario, ya que las preocupaciones y necesidades de cada una de ellos es distinta. En todo caso, es fundamental el papel de la enfermería especializada en las unidades de VIH”, afirma María Luisa Martín.
En este proceso de transformación, también es importante el relevo generacional. Han pasado más de cuatro décadas desde los primeros casos de sida y los médicos que comenzaban su carrera en los años 80 y 90 del pasado siglo están llegando a la edad de jubilación. Ahora, una nueva generación tiene que tomar el testigo y continuar abriendo nuevas líneas de trabajo. La facultativa del Hospital Universitario Son Espases considera que, “poniendo en valor a nuestros predecesores, tenemos que aprovechar el cambio generacional para la transformación y para la nueva visión de la atención integrada de las personas que viven con el VIH”. Martín añade: “El cambio generacional puede ser clave para hacer que la atención de nuestros pacientes sea más inclusiva”.
“Poniendo en valor a nuestros predecesores, tenemos que aprovechar el cambio generacional para la transformación y para la nueva visión de la atención integrada de las personas que viven con VIH. El cambio generacional puede ser clave para hacer que la atención de nuestros pacientes sea más inclusiva”
María Luisa Martín
Especialista en Medicina Interna del Hospital Universitario Son Espases de Palma de Mallorca
“Más que cambio generacional me gustaría verlo como un cambio intergeneracional”, añade Abelardo Castro. “Las nuevas generaciones hemos bebido mucho de las anteriores. Y también deberemos tener en cuenta a las que vienen. Esta forma de ver el problema es lo que nos ayudará a mejorar la atención integrada de las personas con VIH”.
Sin embargo, no todo el mundo lo ve de igual manera. Ni los médicos veteranos, ni los pacientes veteranos; ni los nuevos pacientes, ni la nueva generación de médicos. Apunta María Luisa Martín: “Los jóvenes suelen estar más abiertos a la diversidad y a nuevas ideas, lo que puede ayudar a romper estigmas, promover una atención más holística y favorecer la implementación de estrategias innovadoras y centradas en el paciente. También, son más adeptos a la tecnología (big data, IA…), que es imprescindible para resolver los principales retos a los que se enfrenta la sanidad actual. Será clave para una medicina que aspira a una mayor personalización y eficiencia”.
Castro también pone foco en el aspecto tecnológico: “El uso de nuevas tecnologías no sólo facilita la comunicación sino que amplía nuestro alcance de atención y mejora la visibilidad de nuestros proyectos. Además, el lenguaje que empleamos en nuestra entidad se ha adaptado para ser más inclusivo y empático, lo que es fundamental para derribar el estigma asociado al VIH y a las poblaciones clave”.
“El uso de nuevas tecnologías no sólo facilita la comunicación, sino que amplía nuestro alcance de atención y mejora la visibilidad de nuestros proyectos”
Abelardo Castro
Nuevo gerente de la oenegé Adhara
A pesar de que las nuevas generaciones de profesionales de la salud están más expuestas a enfoques integrales, aún hay desafíos. Es fundamental que reciban formación continua sobre las necesidades específicas de las personas mayores con VIH, incluyendo aspectos físicos, emocionales y sociales que precisan. “La atención en la consulta debe estar orientada en este sentido. Intentamos meter a la persona en la ecuación, saber cómo se siente y cuáles son sus objetivos y expectativas a corto, medio y largo plazo”, concluye Martín.
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